Dra. María Montessori - Una perspectiva histórica

 

“Ayudar la vida, dejándola libre, no obstante, para que se despliegue sola, esa es la tarea básica del educador.”

“La nuestra era una casa para niños, más que una escuela verdadera. Nosotros habíamos preparado un lugar para los niños dónde una cultura que ha sido esparcida  podía ser asimilada, sin ninguna necesidad de instrucción directa… Sin embargo, estos niños aprendieron a leer y escribir antes de cumplir cinco años, y nadie les dio ninguna lección. En esa época parecía un milagro  que los niños de cuatro y medio, pudieran escribir, y que ellos hubieran aprendido sin la impresión de que les fue enseñado.”

“Durante mucho tiempo estuvimos tratando de descifrar esto. Solo después de repetidos experimentos pudimos deducir con certeza que todos los niños están dotados con la capacidad de “absorber” cultura. Si esto fuera así –razonamos- si la cultura puede ser adquirida sin esfuerzo, proveamos a los niños con otros elementos de la cultura. Y entonces vimos como “absorbían” mucho más que lectura y escritura: botánica, zoología, matemática, geografía, y todo con la misma facilidad, espontáneamente y sin cansarse.”

“Y así descubrimos que la educación no es algo que la maestra hace, sino que es un proceso natural que se desarrolla espontáneamente en el ser humano. No se adquiere escuchando palabras, sino en virtud de experiencias en las que el niño actúa sobre su ambiente. La tarea del maestro no es hablar, sino preparar una serie de motivaciones para la actividad cultural en un ambiente especialmente hecho para el niño.”

 

"Mis experimentos, llevados a cabo, en muchos países diferentes, han continuado hasta  ahora por cuarenta años (ed. ahora por  más de noventa años), y mientras los niños crecían, los padres me pedían que extendiera mis métodos a edades más avanzadas. Así  descubrimos que la actividad individual es el factor que estimula y produce el desarrollo, y esto no es más  cierto con los pequeños de edad  preescolar que con los niños de primaria y secundaria.”  La Mente Absorbente - Dra. María Montessori

María Montessori es una figura tan controvertida en educación hoy, como lo fue hace medio siglo atrás. Alternativamente considerada como la defensora de la educación temprana del niño, o desechada por obsoleta e irrelevante, sus investigaciones y los estudios que ella inspiró ayudaron a cambiar el curso de la educación.  Entre quienes estudiaron con ella y continuaron haciendo sus propias contribuciones a la educación y la psicología infantil se encuentran Ana Freud, Jean Piaget, Alfred Adler, y Eric Ericsson. Muchos de los elementos de la educación moderna han sido adaptados de las teorías de Montessori. A ella, se le reconoce el desarrollo de las aulas abiertas, la educación personalizada, los materiales de aprendizaje manipulables, los juguetes didácticos, y la instrucción programada. En los últimos treinta y cinco años los educadores de Europa y Norteamérica comenzaron a reconocer la coherencia entre la propuesta Montessori y lo que hemos aprendido en las investigaciones sobre el desarrollo infantil.

María Montessori fue una adelantada para su época. Nació en 1870 en Ancona, Italia, en una  familia de clase media educada pero no adinerada. Creció en un país considerado muy conservador en sus actitudes hacia las mujeres, sin embargo aún en contra de la enorme resistencia de su padre y sus maestros, Montessori prosiguió una educación científica y fue la primera mujer que se graduó de médico en Italia.

Como médica practicante asociada en la Universidad de Roma, ella era científica, no maestra. Es una ironía que ella se haya hecho famosa por sus contribuciones en un campo que ella había rechazado por ser el refugio tradicional de las mujeres, cuando pocas profesiones se les ofrecían que no fueran las tareas domésticas o el convento. El método Montessori se desarrolló, casi accidentalmente a partir de un pequeño experimento que la Dra. Montessori llevó a cabo de forma secundaria. Su talento no proviene de su capacidad docente, sino de que ella se diera cuenta de la importancia que tenía lo que ella había encontrado.

Cómo médica, la Dra. Montessori se especializó en pediatría y psiquiatría. Enseñó en la escuela de medicina de la Universidad de Roma, y a través de sus clínicas libres ella solía contactarse con niños de la clase trabajadora y pobres. Estas experiencias la convencieron de que la inteligencia no es inusual y que la mayoría de los recién nacidos vienen al mundo con un potencial humano que apenas se da a conocer.

Su trabajo reforzó sus ideales humanitarios, y se hizo lugar en su agenda recargada, para apoyar activamente los movimientos de reforma social. Al principio de su carrera profesional, aceptó dar charlas en toda Europa a favor de los movimientos feministas, fuerzas de paz, y  la reforma legal sobre trabajo infantil. Montessori se hizo conocida y altamente respetada en toda Europa, lo que indudablemente contribuyó a la publicidad que rodeó a sus escuelas.

En 1901, Montessori fue designada Directora del nuevo Instituto Ortofrénico, adjunto a la Universidad de Roma, antiguamente usado como asilo para los niños “deficientes y locos” de la ciudad, la mayoría de los cuales eran probablemente retardados o autistas. Ella inició una ola de reformas en un sistema que anteriormente había servido tan solo para confinar a jóvenes mentalmente deficientes en habitaciones vacías.  Cómo conocía la necesidad que tenían sus pacientes de estimulación, actividad con fin propio, y autoestima, Montessori insistía en que el personal hablara con los pacientes con el mayor respeto. Armó un programa para enseñar a sus pupilos a cuidarse a sí mismos y al ambiente.

Al mismo tiempo, ella inició un estudio meticuloso de todas las investigaciones realizadas previamente sobre la educación de los mentalmente disminuidos. Sus estudios, condujeron  a Montessori al trabajo de dos médicos franceses casi olvidados de los siglos dieciocho y diecinueve: Jean Itard y Eduardo Seguin. Itard es más conocido por su trabajo con el “Salvaje de Aveyron”, un joven que fue encontrado vagando desnudo en la selva, cuando había pasado 10 años viviendo solo. El muchacho no podía hablar y carecía de casi todas las destrezas de la vida diaria. Acá había, aparentemente un “hombre al natural”, un ser humano que se desarrolló sin los beneficios de la cultura y la socialización con los mismos de su especie. Itard esperaba que su estudio echara alguna luz sobre el antiguo debate sobre qué proporción de la inteligencia humana y la personalidad es hereditaria y qué proporción deriva de la conducta aprendida.

El experimento de Itard tuvo un éxito relativo, pues se encontró con que el “muchacho salvaje” no colaboraba y no tenía deseos o no podía aprender muchas cosas. Esto llevó a Itard a suponer la existencia de períodos de desarrollo en el crecimiento humano normal. Durante estos “períodos sensibles” el niño debe ser estimulado o ¡crecerá por siempre carente de las habilidades humanas y los conceptos intelectuales que perdió en la etapa cuando pueden ser aprendidos fácilmente! Aunque los esfuerzos de Itard para enseñarle al muchacho salvaje fueron  escasamente exitosos, siguió un enfoque metódico para diseñar el proceso, sosteniendo que toda educación se beneficiaría con el uso de la observación cuidadosa y la experimentación. Esta idea fue sumamente atractiva para la Montessori científicamente entrenada, y luego se transformaría en la piedra angular de su método. De Eduardo Seguin, Montessori obtuvo una nueva  confirmación del trabajo de Itard, junto con un sistema más específico y organizado para aplicarlo a la educación cotidiana de los disminuidos. Hoy, Seguin es reconocido como el padre de nuestras técnicas modernas de educación especial para los retardados.

De estos dos antecesores, Montessori tomó la idea de un enfoque científico de la educación, basada en la observación y la experimentación. Ella pertenece a la escuela del pensamiento “Child Study” (traduce: Estudios del Niño) y  prosiguió su trabajo con el entrenamiento cuidadoso y la objetividad del biólogo que estudia la conducta natural de un animal de la selva. Ella estudió a sus jóvenes retardados, escuchándolos y anotando cuidadosamente todo lo que hacían y decían. De a poco comenzó a captar el sentido de quienes eran verdaderamente y de qué métodos funcionaban mejor. Su éxito alcanzó notoriedad mundial cuando, dos años después de que comenzara, muchos de los adolescentes “deficientes” de Montessori lograron pasar los exámenes estandarizados para sexto grado de las escuelas públicas italianas. Aclamada por este “milagro”, Montessori respondió sugiriendo que sus resultados demostraron solamente que las escuelas públicas debían ser capaces de obtener resultados dramáticamente mejores con los niños normales.

Desafortunadamente, el Ministerio de Educación Italiano no recibió bien esta idea, y se le negó el contacto con niños en edad escolar. Frustrada en sus esfuerzos por llevar adelante el experimento con alumnos de escuelas públicas, en 1907 Montessori se lanzó a la oportunidad de coordinar un centro de cuidado diurno para niños de la clase trabajadora, que eran muy pequeños para asistir a la escuela pública.

La primera “Casa dei Bambini” o “Casa de los Niños” estaba ubicada en el peor distrito carenciado de Roma, y las condiciones que Montessori debió enfrentar eran pasmosas. Su primer curso estaba formado por cincuenta niños entre dos y cinco años de edad, a los que les ensañaba una cuidadora sin entrenamiento.  Los niños permanecían en el centro desde el amanecer hasta el anochecer, mientras sus padres trabajaban. Recibían dos comidas por día, se los bañaba regularmente, y estaban en un programa de cuidado médico. Esos mismos niños eran los típicos del centro de las ciudades en condiciones de pobreza extrema. Ingresaron a la Casa de los Niños, el primer día llorando y empujando, mostrando en general una conducta agresiva e impaciente. Montessori, sin saber si su experimento funcionaría en tales condiciones, comenzó por enseñarles a los niños mayores, como ayudar en las tareas de todos los días que debían hacerse. También introdujo los rompecabezas de percepción para  manipular, que ella había usado con los retardados.

Los resultados la sorprendieron, porque a diferencia de los niños retardados que debían ser estimulados para usar los materiales, estos pequeños eran atraídos al trabajo que ella introducía. Los niños que habían vagado sin rumbo la semana anterior, comenzaron a asentarse durante largos períodos de actividad constructiva. Ellos estaban fascinados con los rompecabezas y los aparatos para el entrenamiento de la percepción. Pero, para sorpresa de Montessori, los niños de tres y cuatro años se deleitaban con aprender las destrezas  prácticas de la vida diaria que reforzaban su independencia y autoestima. Todos los días, le pedían que les mostrara más, aún aplaudiendo con placer, cuando Montessori les enseñaba el uso correcto de un pañuelo de mano. Pronto, los niños mayores empezaron a hacerse cargo del cuidado de la escuela, ayudando a su maestra con la preparación  y distribución de las comidas y el mantenimiento de un ambiente impecablemente limpio. La conducta de ellos como grupo, cambió drásticamente de  ser los chicos de la calle que corrían desenfrenadamente, a ser ejemplos de amabilidad y cortesía. No fue gran sorpresa que la prensa encontrara  atractiva tal historia de interés humano y de inmediato la difundieran por el mundo.

La educación Montessori suele ser criticada por demasiado estructurada y académicamente demandante para los niños pequeños. Montessori se hubiera reído de esta insinuación. A menudo decía, “Yo estudié a mis niños, y ellos me enseñaron a enseñarles.” Montessori transformó en una costumbre el prestarle atención minuciosa a la conducta espontánea de ellos,  indicando que solo de este modo una maestra podía saber cómo enseñar. Las escuelas tradicionales le prestan poca atención a los niños como personas, salvo para exigirles que se adapten a nuestros estándares. Montessori sostenía que la tarea del educador es servir al niño, determinando lo que cada uno necesita para poder lograr el máximo progreso. Para ella, un niño que fracasa en la escuela no debe ser culpado más que lo que un médico culpa a un paciente que no se cura con suficiente rapidez. Después de todo, el trabajo del médico es ayudarnos a encontrar la forma para curarnos, y la función del educador es facilitar el proceso natural de aprendizaje.

Los niños Montessori dieron el salto a lo académico. Siendo muy jóvenes para ir a la escuela pública, clamaban porque se les enseñara a leer y escribir. Aprendieron tan rápido y con tanto entusiasmo, usando el material manipulable de aprendizaje, que Montessori diseñó material para una máxima atracción y efectividad. Los niños estaban fascinados con los números; para satisfacer este interés la Montessori con inclinación matemática desarrolló una cantidad de material concreto para enseñar matemática, que no ha sido superado. Muy pronto sus niños de cuatro y cinco años estaban haciendo cálculos de adiciones y sustracciones con cuatro dígitos, y en muchos casos iban aún más allá. Sus intereses prosperaron en otras áreas, también, obligando a la extenuada médica, a pasar noche tras noche diseñando nuevo material que siguiera el ritmo de los niños en geometría, geografía, historia y ciencias naturales. La prueba final del interés de los niños llegó poco después de que su primera escuela se hiciera famosa, cuándo un grupo de mujeres bien intencionadas le entregaron una maravillosa colección de juguetes hermosos y caros. Los nuevos obsequios captaron la atención de los niños unos pocos días, pero luego regresaron al material de aprendizaje más interesante. Para sorpresa de Montessori, los niños que habían experimentado con ambos, prefirieron el trabajo al juego en la mayoría de los casos. Si estuviera aquí hoy, Montessori probablemente agregaría “los niños leen y  trabajan con matemática más avanzada, no porque los empujamos a hacerlo sino porque esto es lo que hacen cuándo se les da un contexto correcto y la oportunidad. Negarles el derecho a aprender porque nosotros, los adultos, creemos que no deben, es ilógico y típico de la forma en la que las escuelas se operaban antes.”

Montessori desarrolló su método a través de ensayo y error, haciendo especulaciones informadas sobre el significado subyacente de las acciones de los niños. Ella era rápida para captar sus claves, y constantemente estaba experimentando con la clase.

Por ejemplo, Montessori cuenta sobre la mañana en la que la maestra llegó tarde y descubrió que los niños habían trepado por la ventana y se habían puesto a trabajar. Al principio, los materiales didácticos, que habían costado tanto fabricar, estaban cerrados con llave en un armario alto. Solo la maestra tenía la llave y lo abría y entregaba el material a los niños que lo pedían. En esa ocasión la maestra se había olvidado de cerrar con llave el armario, la noche anterior. Cuando lo encontraron abierto, los niños eligieron un material cada uno y estaban trabajando tranquilamente. Cuándo llegó Montessori, la maestra estaba reprendiendo a los niños por sacarlo sin permiso. Ella reconoció que la conducta de los niños demostró que eran capaces de elegir su propia tarea, entonces quitó el armario y lo reemplazó por estantes bajos en los que las actividades estaban siempre disponibles para los niños. Hoy, esto puede sonar a un cambio mínimo, pero contradijo todas las prácticas educativas y las teorías de la época.

Un descubrimiento siguió a otro, dándole a Montessori una imagen crecientemente más clara de la mente interior del niño. Ella descubrió que los niños pequeños eran capaces de mantener la concentración tranquilamente durante largos períodos, aún cuando raras veces lo manifiestan en contextos de todos los días. Aunque son descuidados y desaliñados, ellos responden positivamente a una atmósfera de calma y orden. Montessori notó que la consecuencia lógica del amor del niño por una rutina consistente y reiterada, es un ambiente en el que cada cosa tiene su lugar. Sus niños disfrutaban enormemente en traer y llevar su trabajo desde y hasta los estantes, teniendo cuidado con no tropezar con nada o derramar absolutamente nada. Caminaban cuidadosamente por las habitaciones, en lugar de correr desenfrenadamente como hacían por las calles. Montessori descubrió que el ambiente propiamente dicho, era una pieza de importancia fundamental para lograr los resultados que ella había observado. Cómo no quería usar pupitres de escuela, hizo fabricar por carpinteros mesas y sillas acordes con el tamaño de los niños. Fue la primera en hacerlo, reconociendo la frustración que experimenta el niño pequeño en un mundo tamaño adulto. Finalmente, aprendió a diseñar escuelas completas, del tamaño aproximado de los niños. Había hecho fabricar jarritas y tazones en miniatura y encontró cuchillos que se correspondían con el tamaño de la pequeña mano del niño. Las mesas eran livianas, lo que permitía que dos niños pudieran correrlas solos. Los niños aprendieron a controlar sus movimientos, y que les disgustara la forma en la que se interrumpía la calma cuándo tropezaban con las cosas. Montessori también estudió el esquema del tráfico en las aulas, y organizó el mobiliario y el área de actividad para minimizar la congestión y los tropezones. A los niños les encantaba sentarse en el piso, entonces compró una alfombritas pequeñas para definir el área de trabajo y pronto los niños aprendieron a caminar alrededor de ellas. A través de los años, las escuelas Montessori continuaron con esta ingeniería ambiental en todo el edificio y en el espacio exterior, diseñando toiletes y lavatorios del tamaño de los niños, ventanas bajas  hasta el piso, estantes bajos, y herramientas de mano y jardín de todo tipo en miniatura. Algunas de estas ideas fueron finalmente adaptadas por la gran comunidad educativa, particularmente por los jardines maternales y de infantes. Muchos de los rompecabezas y juegos didácticos, actualmente en uso en preescolar y primaria inferior son copias directas de las ideas originales de Montessori. Sin embargo hay mucho más de su trabajo que nunca entró en curso, y los educadores que buscan nuevas y más efectivas respuestas encuentran de gran interés la experiencia acumulada por la comunidad Montessori.

De la noche a la mañana, se le prestó atención a la primera “Casa de los Niños” de María Montessori y miles de visitantes se acercaron asombrados y con entusiasmo. Surgió un interés mundial cuando ella repitió su primera escuela en otros contextos con los mismos resultados. Montessori captó el interés y la imaginación de líderes nacionales y científicos, madres y maestros, líderes laborales y dueños de fábricas. Cómo científica internacionalmente reconocida, Montessori contaba con una excepcional credibilidad en un campo en el que muchos otros habían promovido sus opiniones, filosofías, y modelos que no se repitieron  fácilmente. El método Montessori ofrecía una propuesta sistemática que traduce claramente el nuevo contexto. En los primeros treinta años de este siglo (traduce del siglo pasado), el método Montessori parecía ofrecer algo a cada uno. Los conservadores apreciaban la calma, la conducta responsable de los niños pequeños, junto con el amor al trabajo. Los liberales elogiaron la libertad y la espontaneidad. Muchos líderes políticos lo vieron como una forma práctica de reformar los  anticuados sistemas escolares de Europa y Norteamérica, así como una propuesta que confiaban conduciría a una población más productiva y sujeta a las leyes. Científicos de todas las disciplinas anunciaban sus bases empíricas junto con los rápidos logros de los niños pequeños. Montessori condujo una ola de apoyo entusiasta que debería haber cambiado la cara de la educación mucho más drásticamente de lo que sucedió.  La etapa de máxima productividad de Montessori duró desde la apertura de la primera “Casa de los Niños” en 1907 hasta los años 30. Durante esta época, ella continuó su estudio de los niños, y desarrolló un plan de estudios muy extenso y también, una metodología para el nivel elemental. Las escuelas Montessori se instalaron en toda Europa y Norteamérica, y la Dra. Montessori abandonó su práctica médica para dedicar todas sus energías a defender los derechos y el potencial intelectual de todos los niños. Durante toda su vida, la Dra. Montessori fue reconocida como uno de los líderes mundiales en educación. La educación fue más allá de María Montessori, adaptando solamente esos elementos de su trabajo que encajaban con las teorías y métodos existentes. Irónicamente, la propuesta Montessori no puede ser implementada como una serie de reformas graduales. Requiere una reestructuración completa de la escuela y del rol del maestro. Hace solo muy poco tiempo, dado que nuestra comprensión del desarrollo del niño ha aumentado, hemos descubierto cuán clara y sensible era su visión.  Hoy en día, hay un consenso creciente entre los psicólogos y  licenciados en ciencias de la educación en el sentido de que sus ideas estuvieron varias décadas adelantadas a su tiempo.

En tanto el movimiento gana adeptos y comienza a propagarse en el sector de las escuelas públicas americanas, uno puede afirmar sin dudar que Montessori, que comenzó hace casi 100 años, es una propuesta considerablemente moderna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Dra. María Montessori